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Campos de La Pampa
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República Argentina  Santa Rosa - La Pampa - Argentina - de 2014

NOTAS TECNICAS

Enfoque periodístico de Caza y Conservación

      El siguiente contenido corresponde a la Conferencia brindada por el autor en la Primera Jornada Internacional de Ciervo Colorado, desarrollada en Santa Rosa (La Pampa) el 9 de marzo de 2007.

      Hace apenas medio siglo, el estado argentino decretó que los ciervos, antílopes y jabalíes constituían plagas de la agricultura y la ganadería. Además de permitir que se los matara como a cualquier alimaña, premiaba en efectivo a los que contribuyeran al exterminio.
:: Campos de La Pampa ::       Ante esta aberración increíble los cazadores conservacionistas enfrentamos a semejante burocracia, enferma de prejuicios, y logramos, después de una prolongada gestión, retirarlos de la nefasta lista que nos avergonzaba ante el mundo civilizado.
      Mucha agua corrió bajo los puentes hasta este auspicioso presente que encuentra a los gobiernos, especialmente de la Provincia de La Pampa, decididamente empeñados en el apoyo a la conservación, desarrollo y aprovechamiento sustentable de los recursos silvestres, lo que constituye un hito que debemos aprovechar para fecundar las iniciativas oficiales y privadas con imaginación, tecnología y esfuerzo.
      Una prueba de ello ha sido el V Seminario Internacional de Turismo Receptivo para la Patagonia, al que tuve el honor de ser invitado como orador, y que fue concretado también con el apoyo de la Gobernación en esta ciudad capital.
      Hoy nos ha convocado el ciervo colorado, ridículamente exótico para aquellos que lo consideran un azote para la fauna autóctona. Con argumentos nunca demostrados, y una alta dosis de arcaico proteccionismo, nuestro Cervus elaphus sigue careciendo de la merecida carta de ciudadanía que poseen nuestras vacas, ovejas o caballos, tan foráneos como ellos.
      La misma fobia contra todo lo que significa introducción de especies, se ha impuesto una y otra vez, trabando proyectos que acercarían a las regiones áridas de nuestro país, progreso, nuevas fuentes de trabajo, incentivo turístico y caza deportiva en abundancia, tal como ha resultado con la afortunada importación del ciervo, jabalí, antílope, cabra, o búfalo, entre otros, que conviven con la fauna nativa en nichos perfectamente sustentables.
      La tecnología y el alto desarrollo de los cercados modernos, utilizados con éxito en los países de vanguardia, y los sistemas científicos de protección de la salud de las reses, aseguran que se pueden incorporar sin riesgos especies foráneas con fines deportivos, científicos o comerciales.
      Un ejemplo palpable de la imaginación aplicada a los problemas faunísticos es Australia, que alberga la lista tal vez más frondosa de especies depredadoras como el bingo, el canguro, los cerdos silvestres, gatos domésticos alzados y muchas otras que han planteado a los australianos enormes problemas de convivencia resueltos sobre la marcha con audacia, imaginación y tecnología de punta, entre ellas la construcción de cercados de miles de kilómetros.
:: Campos de La Pampa ::       No creo que exista un país en el que se haya impuesto con más éxito una política flexible de conservación de la fauna silvestre que en los E.E.U.U, donde paradójicamente se cazan deportivamente millones de ejemplares por año y el Estado debe contribuir, a su vez, utilizando el rifle sanitario para garantizar el equilibrio indispensable entre capacidad alimentaria y bocas silvestres.
      En aquel país que tanto admiramos inscribiendo el nombre de sus estados en las remeras, organizaciones científicas, conservacionistas, cazadores y dirigentes políticos idóneos trabajando codo a codo, han desarrollado un ambicioso proyecto para desarrollar una inmensa reserva natural de varios cientos de miles de hectáreas, para albergar a la mayor cantidad y variedad posibles de animales africanos, incluidos elefantes, antílopes y rinocerontes.
      Entre los considerandos de la Ley que auspicia el mega proyecto, que nuestras sociedades conservacionistas se cuidan de no mencionar, se destaca el precario equilibrio de muchas especies amenazadas por las condiciones inestables de los países que las poseen, donde las guerras provocan –mas allá de millones de muertes- hambrunas que obligan a los nativos a echar mano de la fauna silvestre para proveerse de sus necesidades proteicas.
      Junto a otros argumentos, el país del norte considera con buen criterio que la fauna salvaje es patrimonio de la humanidad, y que E.E.U.U., como cualquier otro Estado, tiene el deber de contribuir para salvaguardar, en la misma medida de lo posible, a los animales amenazados por la extinción.
      Es imposible considerar integralmente al ciervo colorado ignorando las acechanzas que lo amenazan desde algunos sectores que, esgrimiendo el trillado estigma del animal foráneo, agitan fantasmas amenazadores.
      No debemos olvidar que desde los mas altos estamentos de Parques Nacionales, alguna vez se alzaron voces que promovieron el exterminio de todos los ciervos colorados dentro de su territorio, medida abortada oportunamente por la presión de la sensatéz, los cazadores, los conservacionistas y nuestros compromisos internacionales.
      Hay que dejar muy en claro las diferencias entre el proteccionismo extremo y conservacionismo razonable.
      El primero, concebido desde los cánones del siglo dieciocho, produce inevitablemente un efecto búmerang que agravia seriamente a los sistemas ecológicos, ya que fomenta la protección a ultranza bajo la impronta tramposa del derecho irrestricto a la vida que tienen los seres vivos.
      Esta celada tendida a los desprevenidos apunta a los jóvenes, predisponiendo a la sociedad contra quienes, con fundamentos científicos, necesaria e inevitablemente deben eliminar a los ejemplares que exceden la cantidad que la naturaleza puede alimentar.
:: Campos de La Pampa ::       Porque el dilema de hierro que debemos afrontar ya no se apoya en la premisa de conservar o no conservar animales, sino en encontrar el número correcto y el lugar adecuado para hacerlo.
      Cuando los proteccionistas con anteojeras inundaron al mundo con proclamas que alertaban sobre la inminente desaparición del elefante, se prohibió su caza en casi todo el continente negro.
      Como consecuencia, en pocos años y en regiones puntuales, su reproducción incontrolado produjo los primeros y nefastos resultados: las manadas excedieron la oferta de alimento natural y asaltaron a los sembrados de los nativos, provocando represalias incontrolables; los bosques comenzaron a padecer la presión de los paquidermos, que suelen derribar árboles centenarios para comer sólo unos gramos de la blanda corteza de sus raíces; las praderas se mostraron incapaces de sostener su desaforado consumo forrajero, y el ecosistema comenzó a colapsar.
      Todos comprendieron que, con la agonía del suelo, llegaría inevitablemente la de los elefantes. Todos menos los que promovieron la protección ciega, que hicieron mutis por el foro.
      Como consecuencia, algunos Estados debieron implementar el diezmo de elefantes bajo las balas de los guarda fauna convertidos, irónicamente, en cazadores. Las imágenes valientemente transmitidas por el Canal National Geografic dieron la vuelta al mundo con su mensaje dramático.
      Obviamente, cuando el continente africano apenas estaba poblado por los nativos que cazaban para comer, los elefantes podían recorrer libremente y sin vallas millones de kilómetros, en periplos que los regresaban a las regiones por ellos depredadas cuando la naturaleza había recompuesto la flora.
      Hoy, en cambio, Africa está poblada por 700 millones de habitantes, surcada por infinidad de caminos y autopistas, salpicada por represas y lagos artificiales y plaga de de ciudades que reclaman más y más productos de la tierra.
:: Campos de La Pampa ::       Al mismo tiempo, los bosques desaparecen para dar lugar a nuevas praderas cultivables, restando territorio a la fauna y acotándola en reductos insostenibles.
      Ya no cabe duda de que, como consecuencia de tantos desastres ambientales, apenas podemos aspirar a salvar al número de ejemplares sustentable en áreas restringidas y con la esperanza de legarlas a nuestros descendientes vivos y silvestres.
      Y los parámetros cuali y cuantitativos para lograrlo no deben ser determinados ni por los conservacionistas ni por los cazadores, sino exclusivamente por los científicos.
      Y de que otra manera podemos proteger a esas especies en su natural reproducción, paradójicamente letal para su propia subsistencia? Pues a través de la caza, en cualquiera de sus prácticas legales, ya que hasta el rifle sanitario, como hemos visto, no deja de ser una forma de caza.
      El sector ecologista que responde al conservacionismo moderno razona desde la realidad la única verdad que debe indicar el camino de la preservación. Los snob que han tomado al término ecología como una bandera de moda, sin conocer los fenómenos que se generan en el corazón de la flora y la fauna silvestres, hacen más daño que los depredadores naturales que las afectan.
      La llegada del ciervo colorado a nuestro país, mas precisamente a la Provincia de La Pampa y gracias a la visión de Don Pedro Luro, alentó a otros hacendados a emularlo incorporando con el tiempo a varias especies que hoy enriquecen nuestro acerbo faunístico.
      Mucho podríamos hablar de este ciervo, sus orígenes, costumbres e historia. He preferido abundar acerca de su conservación y manejo, ya que es uno de los aspectos que pueden sustentar su permanencia a través del tiempo.
      Y para ello es necesario difundir adecuadamente las consecuencias de posibles desbordes, aún los involuntarios.
      Hace apenas algunas décadas y con el pretexto de proteger a los sembrados de sus incursiones, se cometieron increíbles atropellos que costaron la vida de centenares de ciervos.
      Gracias a las primeras y tímidas explotaciones comerciales, y mas tarde a la aparición de los cotos de caza, comenzó a desarrollarse su aprovechamiento, se difundió masivamente la idea del mejoramiento genético y nació un nuevo concepto conservacionista.
:: Campos de La Pampa ::       El actual panorama hace que aquellas matanzas parezcan medioevales.
      No obstante, los cotos, verdaderas reservas privadas, no son suficientes para contenerlos cuando las reses muestran sus instintos depredadores.
      Veamos que ocurrió con el yaguareté o tigre americano, llevado al borde de la extinción por la presión demográfica y la caza comercial.
      Uno de los últimos reductos nacionales es el Parque Nacional Iguazú, en la Provincia de Misiones, donde una cantidad aceptable de ejemplares intenta superar el número crítico, según los científicos.
      Pero a medida que se reproducen, aparecen las primeras consecuencias: La fauna menor y mayor que constituye su alimento, al sentirse acosada por el felino, huye hacia los territorios linderos al parque, ocupados por la actividad privada.
      Obviamente el gran gato, que no conoce de fronteras, va tras ellos. Pero en el camino encuentra vacas, ovejas y potrillos, cuando no seres humanos, que son víctimas más fáciles de matar que los huidizos pecaríes, armadillos o corzuelas.
      Y comienza nuevamente el conflicto con los productores, que no vacilan en ultimar a los felinos para defender su patrimonio y seguridad.
      Qué pasará cuando las poblaciones de ciervos colorados escapen de los cotos y asalten los sembrados de vecinos ajenos al negocio cinegético? Qué cuando algún pícaro cuyo coto se encuentre excedido de población los largue?, o cuando algún cercado colapce casual o intencionadamente?
      Desde siempre el hombre pretendió dominar en alguna forma al instinto salvaje de las reses de caza, olvidando que su atavismo los impulsa hacia la libertad aún a costa de su vida.
      Salvando las distancias, hace poco apareció una noticia impactante acerca de lo acaecido en la India, que dice textualmente:
      “… Los elefantes se están tomando revancha contra los hombres en Chattisghard, un Estado oriental sobre el Océano Indico. Han salido de sus reductos selváticos para recuperar el terreno que les arrebató la civilización.
      La furia por la pérdida de su hábitat natural, les ha hecho perder el miedo y se han aventurado a enfrentarlos, destruyendo todo lo que se cruzó en su camino.
      Los paquidermos han decidido ajustar cuentas y salieron de entre los árboles para buscar su comida, sin importarles destrozar a todos los poblados que les robaron su lugar en el mundo.
      Los ataques ya provocaron la muerte de quince personas y heridas a centenares
.”
:: Campos de La Pampa ::       Este episodio no es más que un alerta –repito: salvando las distancias- para tener en cuenta cuando hablamos de manejo de reses salvajes y de los cuidados para contenerlas adecuadamente.
      El ciervo colorado dejó de ser una promesa como actividad alternativa para el campo.
      La fama de sus posibilidades cinegéticas ha trascendido desde hace años nuestras fronteras, llegando a todos los rincones del planeta.
      Algunos empresarios con visión de futuro, han invertido en estaciones de recría que ya asoman a la consideración de sus pares del resto del mundo. Otros han instalado cotos de caza ofreciendo excelentes trofeos y mejor hotelería.
      La genética silvestre, casi desconocida entre nosotros, está en boca de todos los progresistas que ambicionan incorporarla a sus cotos de caza.
      La posibilidad de adquirir descendientes de los mejores ejemplares del orbe está disponible, y tienta a más de uno a iniciar el desarrollo de mini planteles de colorados con alto pedigree que posibilitan diversas opciones comerciales.
      Ha llegado el momento, entonces, en que las autoridades responsables de las áreas respectivas, aumenten su apoyo a una actividad que ha demostrado su potencial en los países más avanzados en la materia, promoviendo a la caza deportiva como fuente de recursos y como una herramienta útil para conservar lo existente, en un marco de desarrollo adecuado.
      Para ello, entre otras cosas, se debe diseñar un plan regulatorio que garantice la seguridad jurídica, indispensable para las inversiones y las actividades deportivas.
      El ciervo colorado es uno de los trofeos más apetecidos por los deportistas, que no vacilan en cruzar el atlántico o el pacífico para concretar una buena cacería.
      Es deber de todos los que estamos interesados de una u otra forma en el futuro de la especie, coadyuvar esfuerzos para flexibilizar, dentro de la Ley, las barreras burocráticas que muchas veces acortan, con trámites interminables, el tiempo limitado de que disponen los viajeros.
      Es necesario también desarrollar cotos de caza, del ciervo colorado en particular, cuyos costos para el cazador tengan afinidad con nuestra economía.
      Para ello se debe apoyar –desde el Estado- a la actividad de recría, a fin de aumentar la oferta cinegética hasta el punto de disponer excedentes suficientes para el mercado local, que es, en resumidas cuentas, el que más se debe proteger si pretendemos una equidad prudente que evite encasillar a la caza mayor como una actividad discriminatoria o elitista.
      Los cotos de caza no deben olvidar que existe una realidad argentina, que nos ha demostrado en reiteradas oportunidades, que sus vaivenes económicos varían frecuentemente los parámetros de cambio de divisas, acercando o ahuyentando a los interesados foráneos.
      Por eso deben –a mi juicio- mantener una parte de su oferta para los cazadores locales, con vistas a la continuidad de la actividad en épocas de vacas flacas.
      Dicen que el diablo sabe por diablo ero mas sabe por viejo. Las prevenciones que acabo de marcar tienen sólido sustento.
      Hace pocos años fui invitado por el Gobierno de una provincia vecina para disertar en el Primer Congreso Internacional de Caza y Conservacionismo, una brillante idea que reunió por primera vez a conservacionistas y cazadores en un intento por encontrar caminos de convergencia.
      Las conclusiones a que llegamos luego de largas jornadas de debates, siempre en un clima de excepcional fraternidad y comprensión, arrasaron con muchos de los tabúes que separaban a ambos sectores.
      El gobierno provincial, a través de sus representantes en el evento, reafirmó su voluntad de promover el turismo cinegético, la seguridad jurídica, los cotos de caza y la recría de las especies puntanas, que coinciden en general con las de La Pampa.
      Al poco tiempo, y cuando habían comenzado las inversiones, planes y proyectos, un sorpresivo e inconsulto decreto provincial vedó la caza por cinco años. El motivo, varios venados o ciervos de las pampas habían sido abatidos por un grupo de vándalos, perfectamente identificados y juzgados.
      He aquí una muestra de lo que no debe hacerse para alentar a las inversiones y garantizar la tan mentada seguridad jurídica. En lugar de hacer caer todo el peso de la Ley sobre los infractores, se castigó con saña medioeval a todos por igual: cazadores, comerciantes, empresarios, guías, inversores, etc.
      Volviendo a nuestro ciervo, no debemos olvidar el estado en que se hallaban los planteles silvestres antes de que comenzaran las actividades de los cotos y las estaciones de recría.
      Miles de animales vagaban indefensos por sus reductos, cercados por la civilización, amenazados a diario por el furtivismo y los depredadores naturales, degradando sus condiciones genéticas luego de casi un siglo de consanguinidad y alimentación sujeta a los vaivenes del clima.
      Y lo que es aún peor, soportando la indiferencia y el rótulo de animal depredador que facultaba a cualquiera a tomar la Ley por su mano.
      Debemos aprovechar la propicia coyuntura que hoy se nos presenta.
      Los propietarios de campo con caza y los que poseen cotos, deben estrechar filas mediante la organización de cooperativas, sociedades o cualquier otra forma de estructura jurídica que evite la dispersión de esfuerzos, en pos de los objetivos comunes, para presentar, además, un frente fuerte y homogéneo cuando se deba peticionar a las autoridades.
      Basta con observar la experiencia de Chile y España, para encontrar numerosos ejemplos de organizaciones solidarias para proteger, controlar y explotar los recursos faunísticos.
      Por otra parte, la intercooperación ha permitido, también, implementar mejores y mas económicos servicios de vigilancia para combatir y prevenir el furtivismo.
      No estamos solos en nuestra lucha por reivindicar los valores de la caza deportiva.
      El acercamiento entre conservacionistas y cazadores, intensificado en los últimos años, ha producido sus frutos, reflejado en las declaraciones concretas de sectores que otrora nos combatieron.
      El Dr. Mario Costa, en su momento Director Técnico de la Fundación Vida Silvestre, sostuvo públicamente que:
      “ … La caza y el conservacionismo no tienen por que ser términos irreconciliables… El caso típico de discusión anacrónica es acerca de la licitud moral del acto de cazar… El criterio al que adhiero, dice Costa, renuncia a decidir si la muerte de un animal por deporte tiene carácter de injusticia… Ese juicio sólo debe provenir de cada uno…”
      Y concluye con acierto:
      “… Muchísimos ejemplos de la contribución de la caza deportiva a la conservación provienen del extranjero, pero la lista de aportes que se escucha en nuestro país es exigua. No siempre por culpa exclusiva de los cazadores, ya que a veces falla el marco institucional, o los conservacionistas hemos adoptado una postura refractaria a la necesaria convergencia de esfuerzos, mucho más efectiva que la discusión sobre asuntos de conciencia…”
      Palabras insospechables de parcialidad…
      Abundando en la cita de declaraciones de sectores ecologistas que han adoptado una visión positiva de la caza, debo mencionar el decisivo espaldarazo proveniente nada menos que de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, sustentada por más de doscientos países que, junto a la UNESCO y la Organización Mundial para la Salud, declararon en un Congreso reunido expresamente que:
      “… La reproducción incontrolada de las especies silvestres atenta contra las propias especies y contra el medio ambiente, por lo que se debe permitir la caza enmarcada en Leyes y Reglamentos…”
      Acoto: los conservacionistas pragmáticos del mundo manifiestan sin tapujos que se debe permitir la caza.
      No creí vivir lo suficiente para escucharlo.
      Y si se sospecha que los deportistas somos conservacionistas interesados porque disfrutamos con la caza, diré que es perfectamente cierto.
      Y que eso no va en desmedro de nuestra actitud, sino que la refuerza, por la sencilla razón de que nadie quiere matar a la gallina de los huevos de oro: si desaparece la fauna de caza, desaparece la actividad venatoria.
      Por último, debemos poner el acento en la tarea de los clubes y asociaciones de cazadores, y la función pedagógica que les cabe frente a sus asociados.
      Y para ello nada mejor que apuntar la prédica hacia los jóvenes, que son los que deben hacerse cargo de lo que se ha conservado, gracias o a pesar de las generaciones que dejan la posta.
      Torcer las costumbres de los veteranos es tarea mucho más ardua que inculcar las normas de conducta en los que recién se inician.
      Nuestro ciervo colorado es todo un símbolo de la visión de los pioneros que nos legaron una riqueza invalorable y la posibilidad da cazar, que es lo que nos apasiona.
      Por los años que cargo en la mochila, he sido testigo de atropellos sin medida, protección desmesurada, celo exagerado o desidia total.
      Ha llegado la hora de la moderación, de estrechar filas con los conservacionistas, científicos y autoridades responsables, para asegurar –sin lugar a dudas- la perpetuación de las especies silvestres para las generaciones venideras.


Carlos Rebella (*)
gustavorebella@yahoo.com.ar


(*) Periodista, columnista de los diarios La Nación y Clarín y de varias revistas de caza deportiva y vida al aire libre, autor de libros sobre caza mayor, fundador de la Federación Argentina de Caza Mayor y de círculos de cazadores, fundador e integrante de varias instituciones relacionadas con las actividades cinegéticas y la conservación de especies silvestres, asesor honorario de Parques Nacionales y para la redacción de la Ley de Fauna Silvestre, disertante y conferencista en diversos Congresos y Seminarios, socio honorario de diversas y prestigiosas asociaciones de cazadores deportivos, premio Perfil al mejor artículo periodístico 2007.

Notas Técnicas Anteriores:
La importancia de evaluar la receptividad de las áreas con pastizal natural

"Costos de Producción y Márgenes Brutos de los principales productos agropecuarios de la provincia de La Pampa". Elaborado por el Grupo de Economía de la EEA Anguil de INTA. (marzo 2011).

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